Procesionaria, la dermatitis aerotransportada

Es un fenómeno bien conocido de la primavera, cuando aparecen con nidos muy visibles en forma de bolsas en los árboles. Las temperaturas invernales más suaves de los últimos años les permiten alargar su ciclo vital y cuando abandonan los nidos, las orugas de procesionaria se desplazan pegadas unas a otras formando auténticas procesiones, de ahí su nombre, que hemos visto tantas veces en los bosques.

Ocurre sin embargo, que su aspecto inofensivo esconde un problema como son sus pelos, altamente urticantes, que provocan reacciones muy molestas y pruriginosas.

Si una persona toca directamente una oruga o su piel roza o se posa una superficie en la que ha pasado una de estas larvas, se produce una reacción intensa en la zona afectada.

Pero lo más común es que esa reacciones que provocan dermatitis muy localizadas, sean aerotransportadas y se produzcan sin tocar nada, de forma imprevisible. Los pelos que desprende la oruga son transportados por el viento, pueden topar con la piel y tienen gran facilidad para adherirse a zonas húmedas como el cuello o los párpados.

Es bueno conocer que eso puede suceder paseando por el bosque y saber también que el mejor tratamiento es una crema antiinflamatoria con un esteroide y en casos extensos asociarlo con un antihistamínico por vía oral.