Las verrugas del cuello

Las verrugas del cuello

Las verrugas del cuello son muy frecuentes y no representan ningún peligro para la salud

Las verrugas del cuello son muy frecuentes y no representan ningún peligro para la salud

Verrugas del cuello que no lo son

Les llamamos “verrugas del cuello” para entendernos con los pacientes. Pero no lo son. Cerca de la mitad (46%) de la población que pasa de los cuarenta las tienen.

Algunas las encontramos en personas que consultan por otras dolencias, y no quieren saber nada de ellas. Otras en cambio, después de años de llevarlas, un día se deciden y llaman con carácter de urgencia, que no pueden esperar ni un día más.

Nombres de toda clase

A lo largo de los años han ido recibiendo muchos  nombres, como les pasa a los delincuentes internacionales. Fibromas blandos, acrocordones, papilomas cutáneos, pólipos fibroepiteliales y también fibromas péndulo la mayor parte de los pacientes acuden quejándose de la presencia de verrugas del cuello.

El nombre de fibroma péndulo se suele reservar para los elementos gigantes de 1 a 3-4 cm de diámetro, que como badajo de campana, cuelgan y se balancean con la marcha, pendiendo de la piel del bajo vientre, de la parte superior, cara interna, de los muslos, o de las nalgas. Las tenían desde hacía 20 o 40 años. ¿Por qué se han decidido ahora?

Higos y peras

Imaginad un higo muy pequeño, de 2 a 4 mm, pegado a la piel. Los higos, y también las peras, son pedunculados, es decir, tienen una pedículo o rabo que les une al árbol. Haciendo rodar el higo con la mano, se retuerce el pedículo hasta que el fruto se queda en la mano, y el árbol no se queja al hacerle esto. A un humano esta maniobra no se puede practicar.

Precisamente puede constituir una visita de urgencia el retorcimiento involuntario de un fibroma blando al vestir y desvestirse, o en la ducha. El fibroma se queda negro, inflamado, infartado, duele mucho, y la persona se espanta (los bultos negros hacen temer el melanoma maligno). Algunas veces este proceso se realiza sin dolor, y constituye el sistema espontáneo de curación de los fibromas blandos.

En raras ocasiones los elementos pueden ser gigantes.

En raras ocasiones los elementos pueden ser gigantes.

Amigas de los pliegues

Son formaciones cutáneas que les gusta aparecer en los pliegues, donde la piel frota con piel. Los encontramos en las caras laterales del cuello,  en el surco submamario, en la ingle, y, las más pequeñas (2 mm), en los párpados. Se discute si el llevar cadenas del cuello ayuda a su formación. Las personas obesas las tienen en mayor número. Lo mismo sucede con los diabéticos. Son blandas, y algunas de ellas, por la presión que ejerce la ropa, pueden aparecer aplanadas, como una pequeña etiqueta (skin tags). Son del color de la piel, aunque algunas se presentan algo amarronadas.

No son verrugas víricas, y  la biopsia de una de ellas, bajo el microscopio, no permite encontrar las características acumulaciones de  estructuras víricas propias de la verruga común vírica. Acuden personas por sólo 3 o 4 fibromas blandos. Otras, las traen a centenares, que rellenan las axilas, a las que sobrepasan y que alfombran todo el cuello. Cuando tantas hay, no se pueden cortar todas en una sola sesión. Se pueden extraer de 80 a 120 de un lado del cuello, y dejar las otras para futuras sesiones.

Antiestéticas

Están constituidas por fibras, por vasos sanguíneos y por células de grasa. No tienen ninguna importancia, no disponen de ningún significado. Pero hacen feo. Esto del feo, no depende del problema cutáneo sino de los ojos del que lo lleva. Ante una determinada alteración, pacientes hay que ponen el grito en el cielo, que con aquello no se puede vivir… otros dicen que no le importa. En los despachos de Dermatología se aprende que, en cuestión de estética, dos y dos no son cuatro. Para muchos, son cinco, y para otros, no llega a dos y medio.

Con un hilo de seda se pueden estrangular con resultados a menudo desastrosos

Con un hilo de seda se pueden estrangular con resultados a menudo desastrosos

Un hilo de seda que las estrangule

En tiempos pasados, este sistema operó en todas las razas y culturas del mundo. Es efectivo, pero puede resultar doloroso. Nosotros con una fina aguja anestesiamos la base del pedículo. Con unas tijeras cortas y curvas, les cortamos la cola. Al cortar, un rápido giro de muñeca permite cortar y al mismo tiempo tirar del fibroma blando hacia fuera con energía.

Así, el pedículo queda estirado, como un mínimo embudo boca abajo sobre la piel. Con este tirón, la mayor parte de ellas no sangran. Electrocoagulamos las pocas que sí lo hacen.

Francesc Grimalt
Grimalt Dermatologia
www.grimalt.net

2017-09-14T10:13:13+00:00