El uso correcto del jabón

Usar jabón en la ducha es un placer para la mayoría.

Usar jabón en la ducha es un placer para la mayoría.

La falta de jabón provocó incontables muertes hasta el descubrimiento de los actuales sistemas de desinfección.

En 1847 en un hospital de Viena trabajaba como obstetra un médico húngaro Ignaz Phillip Semmelweiss. Éste como estudiante tuvo como profesor de Dermatología a Ferdinand von Hebra, cuyo nombre transcurre todavía hoy asociado a las enfermedades que él describió. Semmelweiss constató que la mortalidad por “fiebres puerperales” en una maternidad atendida sólo por comadronas, era sólo del 2%, mientras que en su hospital era del 13%.

Un buen amigo suyo, Jacob Kolletschka, forense, se cortó en un dedo mientras practicaba una autopsia, y falleció en pocos días con síntomas idénticos a los de sus puérperas. Semmelweiss, impresionado por la similitud de los síntomas mortales entre ellas y su amigo, pronto constató que sus estudiantes, sin lavarse las manos, pasaban de practicar autopsias a explorar mujeres de parto.

Hasta entonces nadie había relacionado lo que él denominó “partículas cadavéricas” con la salud. El francés Louis Pasteur, suspendido de estudiante en matemáticas, descubrió que los procesos de fermentación no se producían por “generación espontánea”, sino por gérmenes. Más tarde, el alemán Hermann Koch aisló y consiguió cultivar gérmenes. Su nombre va unido al descubrimiento del bacilo tuberculoso y del vibrión del cólera.

El tipo de jabón que se utilize no es muy importante si se realiza de forma adecuada.

El tipo de jabón que se utilize no es muy importante si se realiza de forma adecuada.

Transcurrieron cinco años más para que el barón inglés Joseph Lister recomendara desinfectarse las manos con fenol, y consiguiera evitar que una intervención quirúrgica se convirtiera, por infección, en un tratamiento mortal. Había aunado los conocimientos de Semmelweiss y los descubrimientos de Koch.

También el gran Lister sufrió los embates críticos de sus colegas envidiosos. Semmelweiss dirigió a sus estudiantes una frase famosa en medicina: “Por el amor de Dios, lavaos las manos y después aclaradlas con cloro” (lejía). En lugar de publicar su descubrimiento en la próxima Reunión Oficial de Medicina de Viena, calló, por miedo al director de la clínica. Los celos y la envidia ejercen su poder maléfico en medicina todavía hoy en día, y probablemente en todas las esferas del poder, pero también del saber, humano. Pero un compañero de Semmelweiss extendió la noticia. El director bloqueó en seguida la carrera fulgurante del húngaro.

Pronto sus compañeros de Viena le criticaron por ser extranjero. Tuvo que regresar a Budapest. Allí aplicó sus conocimientos a un hospital humilde, y la mortalidad puerperal se redujo a un 1%. En 1861 publicó un libro sobre sus métodos, que los poderes científicos de aquel entonces rechazaron. Semmelweiss se hundió psicológicamente, no se sabe si por depresión reactiva, o quizá por un inicio de Alzheimer.

Sus amigos le internaron en un instituto mental donde fué tratado con una camisa de fuerza y con golpes con palos guardados con este fin. No queda claro si se infectó por un corte en un dedo o por las heridas de los golpes. Las historias clínicas de los pacientes de esta institución no serían muy explícitos a este respecto. A los 44 años falleció de lo mismo que sus púerperas de Viena y que su amigo Kolletschka. El Dr. Lister publicó: “Sin el Dr. Semmelweiss, mis hallazgos sobre desinfección no tendrían ningún valor”.

La personas con piel delicada deben usar el jabón con moderación.

La personas con piel delicada deben usar el jabón con moderación.

En 1824 el barón y químico alemán Justus von Liebig, descubridor del proceso de nutrición de los vegetales, arguyó que la salud de una nación podía medirse por el consumo de jabón. Dos mil tres cientos años antes los fenicios habían inventado el jabón.

Por la Ley del Péndulo, en la II Guerra Mundial (1939-1945), con el buen efecto antinfeccioso de las sulfamidas, los médicos consideraron que el jabón resultaba irritante y nocivo. En 1939 su descubridor, el alemán Domagk, obtuvo el premio Nobel de medicina. En una primera carta aceptaba el premio, pero en una segunda, redactada por las autoridades del régimen nacionalsocialista, lo rechazaba. Entre las fechas de estas dos fue arrestado por la policía nazi. Pudo recoger el premio ocho años después, tras finalizar la II Guerra mundial. Los americanos echaban sulfamidas a puñados en las heridas abiertas de sus soldados heridos.

Los lectores maduros habrán usado en heridas la crema “Pental”, con sulfamidas al 2%. Recuerdo los muchos casos, visitados por mí, de heridas empeoradas por alergia sobreimpuesta por este bacteriostático. Su uso en cremas, polvos, y por todas las vías que no sea la oral, pronto fué prohibido, por su facilidad en provocar dermatitis de contacto medicamentosas.

¿El uso de jabón lo es, irritante y nocivo? ¿Cuáles son las pieles para las que no resulta beneficioso el uso de jabones ?

Los jabones actuales no son nocivos ni irritantes, y todos ellos resultan idóneos para la mayor parte de las pieles. Un 30% de la humanidad sufre de constitución atópica. Estos tienen la piel seca. Una buena parte de los atópicos sufren, además, de constitución psoriática. Estos tienen la piel más seca todavía. En invierno, el frío provoca mayor sequedad de piel. Algunos de estos pacientes, de edad madura, suelen quejarse de “picor de invierno”.

El único consejo que les alivia, es prohibirles usar jabón en la ducha. Los pacientes descubren, sorprendidos, que “su piel no huele mal” al ducharse con sólo agua, sin jabón. En este aspecto, quedan prohibidos toda clase de jabones: los comercialmente llamados “jabones infantiles”, los syndets o detergentes tensioctivos, los “especiales para pieles atópicas” o “para pieles delicadas”, los “naturales de sosa”, los “buenos, porque son hechos en casa”. Todos ellos son jabones. Estos pacientes tienen la piel demasiado seca para desengrasarla aún más, con el uso de un jabón.

Usar en la ducha un jabón de baño actual, en un ambiente de agua caliente, calefacción central, abundantes fluorescentes de luz tamizada en el techo, con mármoles y quizá espejos, con bañeras o platos de ducha de porcelana fina, constituye un auténtico placer que es legítimo, satisfactorio y, además, bien considerado. (“Claro que me ducho cada día” “Faltaría más…”) Nos duchamos con jabón por confort, porque resulta agradable. Y por un principio psicológico fundamental, se tiende a repetir el acto que ha proporcionado placer. Pero las pieles sensibles, exageradamente secas, deben buscarse los placeres de la existencia en otras esferas que no sea la de enjabonarse todos los días.

Después de esta ducha diaria sin jabón, los pacientes con piel seca deben aplicarse con profusión una crema emoliente.

Francesc Grimalt
Grimalt Dermatologia
www.grimalt.net

2017-11-07T16:40:29+00:00