“Constitución” significa modo de ser de nacimiento. “Atópico” equivale a alérgico. ¿Por qué no se ha escrito “constitución alérgica”? Porque, como veremos, dentro de la constitución atópica hay factores patológicos que no tienen nada que ver con la alergia, y que son lo suficientemente importantes para que se conozcan.

¿De qué viene que una persona sea atópica? De familia, por leyes de herencia complicadas, que hacen, por ejemplo, que un hermano pueda no ser alérgico. Puede venir del lado del padre o de la madre, o de las dos partes. Y entonces, ¿los antepasados atópicos también sufrían de la piel? Al menos, alguno de ellos, sí. Podían tener alergia al pulmón, donde se manifestaba en forma de asma y bronquitis; en los ojos y en la nariz, donde se manifestaba en forma de conjuntivitis y de rinitis alérgica; en la piel, o de otra forma diferente. Cuando la constitución alérgica general le da por atacar a la piel, puede aparecer bajo cerca de un centenar de formas clínicas diferentes.

Lo más frecuente es que las personas con constitución atópica no tengan ningún problema demasiado visible, pero si la enfermedad se quiere manifestar lo suele hacer en forma de dermatitis atópica. Esto se ve como alteraciones de piel roja y seca que en ocasiones puede picar fuerte y que aparece típicamente en las zonas flexoras del cuerpo, en el pliegue del codo en el de la rodilla, en el cuello, en los párpados… En casos severos la dermatitis atópica puede afectar a la totalidad del cuerpo. La característica primordial del eccema atópico es el picor. La segunda es su piel seca.

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